Redinamizacion sociolaboral de la Ciudad Vieja de La Coruña, en base a un programa de autoempleo para mujeres, emigrantes, y sectores subrepresentados
viernes, 15 de abril de 2011
Historia de la Ciudad Vieja de La Coruña
La Ciudad Vieja (Cidade Vella, en gallego) es el nombre que recibe el casco antiguo de A Coruña.
Durante los siglos IX y X, los habitantes de la entonces llamada isla del Faro (península en la que se erige hoy en día la Torre de Hércules) fueron abandonando la zona debido a los constantes ataques de las flotas vikingas, y se establecieron en el área de Betanzos.
En 1208 el rey Alfonso IX refundó la ciudad en el actual emplazamiento de la Ciudad Vieja reconstruyendo la urbe, que pasó a depender directamente del rey, libre de vasallaje al clero o a los señores feudales.
En el siglo XIV se construyeron las murallas que protegían la Ciudad Vieja, de las que todavía se conservan restos, así como tres puertas que abrían la ciudad al mar: la del Parrote, la del Clavo y la de San Miguel. También se conserva el baluarte conocido como Fortaleza Vieja, actualmente convertido en el Jardín de San Carlos.
La Ciudad Vieja de A Coruña conserva calles y plazas que hacen revivir la historia de la ciudad, así como casonas nobles y residencias como la del matrimonio Manuel Murguía y la poetisa Rosalía de Castro, situada en la calle Príncipe.
La Ciudad Vieja se hizo a la medida humana. Escenario estructurado en piedra, carpintería y vidrio que abre la casa en galerías, los "quitapesares". Casonas hidalgas alternan con las más humildes, "del remo" y de artesanos. Retícula de calles y plazas que envuelven iglesias como la de Santiago, Santa María o Santo Domingo. Ciudad de ayer, de hoy y de siempre, en la que todavía habita su "genius loci". Una especie de trasno con el que conversaron extraños aventureros, filósofos, científicos, o simples ciudadanos, como María Pita que se enfrentó a Drake, el Duque de Toscana, o Cosme de Medicis; con las aventuras de algunos prisioneros, como el marino Alejandro Malaspina, o incluso con militares o estadistas, como Porlier o Melchor de Macanaz.
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